EL TANGO (historia)

Originariamente, el tango nace a fines del siglo XIX de una mezcla de varios ritmos provenientes del candombe la habanera y el tango andaluz, también recibió influencias del chotis, el cuplé, las payadas puebleras y las milongas criollas. Estuvo asociado desde un principio con burdeles y cabarets, ámbito frecuentados especialmente por población inmigrante y particularmente, masculina. Debido a que solo las prostitutas aceptarían dicho baile, en sus comienzos era común que el tango se bailara por una pareja de hombres. La melodía provenía de flauta, violín y guitarra. Posteriormente, la flauta fue reemplazada por el "bandoneón". Los inmigrantes contribuyeron añadiendo aires de nostalgia a las canciones y de ese modo el tango se fue desarrollando y adquiriendo un sabor único. A inicio del siglo XX, el tango, como danza, deja de ser exclusivo del arrabal, para internarse poco a poco en el corazón de la ciudad. La cultura argentina experimentaba por entonces una especie de afrancesamiento, París era sin discusión, el centro mundial de la cultura. Era la ciudad que  establecía las normas culturales y también dictaba modas. Por eso  el tango fue aceptado por la "gente decente" de Buenos Aires, pero sólo una vez que regresase de Europa, convertido en moda. En su origen, el tango, es música y baile. Angel Villoldo, quien además de ser compositor es letrista, inicia la época de la canción del tango en el año 1903 con: El Choclo. Esta época  dio cabida a muchos de sus mejores intérpretes y compositores, y donde brilla la figura de Carlos Gardel, que fue el gran divulgador del tango en el extranjero. En los 60, en cambio, el género fue ignorado fuera de la Argentina. Resurgió renovado por Astor Piazzolla, quien le dio una nueva perspectiva, rompiendo con los esquemas del tango clásico. Hoy el tango está más vivo que nunca, no como el fenómeno de masas que lo engendró, sino como incuestionable seña de identidad del alma porteña.